jueves, 29 de septiembre de 2011

Leer en casa

 Compartir las palabras, los sonidos y las imágenes ayuda a los padres en la educación y proporciona a los hijos sensaciones y aprendizajes imborrables.



domingo, 25 de septiembre de 2011

El sastrecillo valiente, de los hermanos Grimm

No hace mucho tiempo que existía un humilde sastrecillo que se ganaba la vida trabajando con sus hilos y su costura, sentado sobre su mesa, junto a la ventana; risueño y de buen humor, se había puesto a coser a todo trapo. En esto pasó par la calle una campesina que gritaba:

—¡Rica mermeladaaaa... Barataaaa! ¡Rica mermeladaaa, barataaa.

Este pregón sonó a gloria en sus oídos. Asomando el sastrecito su fina cabeza por la ventana, llamó:

—¡Eh, mi amiga! ¡Sube, que aquí te aliviaremos de tu mercancía!

Subió la campesina los tres tramos de escalera con su pesada cesta a cuestas, y el sastrecito le hizo abrir todos y cada uno de sus pomos. Los inspeccionó uno por uno acercándoles la nariz y, por fin, dijo:

—Esta mermelada no me parece mala; así que pásame cuatro onzas, muchacha, y si te pasas del cuarto de libra, no vamos a pelearnos por eso.

La mujer, que esperaba una mejor venta, se marchó malhumorada y refunfuñando:

—¡Vaya! —exclamo el sastrecito, frotándose las manos—. ¡Que Dios me bendiga esta mermelada y me de salud y fuerza!

Y, sacando el pan del armario, cortó una gran rebanada y la untó a su gusto. «Parece que no sabrá mal», se dijo. «Pero antes de probarla, terminaré esta chaqueta.»

Dejó el pan sobre la mesa y reanudó la costura; y tan contento estaba, que las puntadas le salían cada vez mas largas.

Mientras tanto, el dulce aroma que se desprendía del pan subía hasta donde estaban las moscas sentadas en gran número y éstas, sintiéndose atraídas por el olor, bajaron en verdaderas legiones.

—¡Eh, quién las invitó a ustedes! —dijo el sastrecito, tratando de espantar a tan indeseables huéspedes. Pero las moscas, que no entendían su idioma, lejos de hacerle caso, volvían a la carga en bandadas cada vez más numerosas.

Por fin el sastrecito perdió la paciencia, sacó un pedazo de paño del hueco que había bajo su mesa, y exclamando: «¡Esperen, que yo mismo voy a servirles!», descargó sin misericordia un gran golpe sobre ellas, y otro y otro. Al retirar el paño y contarlas, vio que por lo menos había aniquilado a veinte.

«¡De lo que soy capaz!», se dijo, admirado de su propia audacia. «La ciudad entera tendrá que enterarse de esto» y, de prisa y corriendo, el sastrecito se cortó un cinturón a su medida, lo cosió y luego le bordó en grandes letras el siguiente letrero: SIETE DE UN GOLPE.

«¡Qué digo la ciudad!», añadió. «¡El mundo entero se enterará de esto!»

Y de puro contento, el corazón le temblaba como el rabo al corderito.

Luego se ciñó el cinturón y se dispuso a salir por el mundo, convencido de que su taller era demasiado pequeño para su valentía. Antes de marcharse, estuvo rebuscando por toda la casa a ver si encontraba algo que le sirviera para el viaje; pero sólo encontró un queso viejo que se guardó en el bolsillo. Frente a la puerta vio un pájaro que se había enredado en un matorral, y también se lo guardó en el bolsillo para que acompañara al queso. Luego se puso animosamente en camino, y como era ágil y ligero de pies, no se cansaba nunca.

El camino lo llevó por una montaña arriba. Cuando llegó a lo mas alto, se encontró con un gigante que estaba allí sentado, mirando pacíficamente el paisaje. El sastrecito se le acercó animoso y le dijo:

—¡Buenos días, camarada! ¿Qué, contemplando el ancho mundo? Por él me voy yo, precisamente, a correr fortuna. ¿Te decides a venir conmigo?

El gigante lo miró con desprecio y dijo:

—¡Quítate de mi vista, monigote, miserable criatura!

—¿Ah, sí? —contestó el sastrecito, y, desabrochándose la chaqueta, le enseñó el cinturón—-¡Aquí puedes leer qué clase de hombre soy!

El gigante leyó: SIETE DE UN GOLPE, y pensando que se tratara de hombres derribados por el sastre, empezó a tenerle un poco de respeto. De todos modos decidió ponerlo a prueba. Agarró una piedra y la exprimió hasta sacarle unas gotas de agua.

—¡A ver si lo haces —dijo—, ya que eres tan fuerte!

—¿Nada más que eso? —contestó el sastrecito—. ¡Es un juego de niños!

Y metiendo la mano en el bolsillo sacó el queso y lo apretó hasta sacarle todo el jugo.

—¿Qué me dices? Un poquito mejor, ¿no te parece?

El gigante no supo qué contestar, y apenas podía creer que hiciera tal cosa aquel hombrecito. Tomando entonces otra piedra, la arrojó tan alto que la vista apenas podía seguirla.

—Anda, pedazo de hombre, a ver si haces algo parecido.

—Un buen tiro —dijo el sastre—, aunque la piedra volvió a caer a tierra. Ahora verás —y sacando al pájaro del bolsillo, lo arrojó al aire. El pájaro, encantado con su libertad, alzó rápido el vuelo y se perdió de vista.

—¿Qué te pareció este tiro, camarada? —preguntó el sastrecito.

—Tirar, sabes —admitió el gigante—. Ahora veremos si puedes soportar alguna carga digna de este nombre—y llevando al sastrecito hasta un inmenso roble que estaba derribado en el suelo, le dijo—: Ya que te las das de forzudo, ayúdame a sacar este árbol del bosque.

—Con gusto —respondió el sastrecito—. Tú cárgate el tronco al hombro y yo me encargaré del ramaje, que es lo más pesado .

En cuanto estuvo el tronco en su puesto, el sastrecito se acomodó sobre una rama, de modo que el gigante, que no podía volverse, tuvo de cargar también con él, además de todo el peso del árbol. El sastrecito iba de lo más contento allí detrás, silbando aquella tonadilla que dice: «A caballo salieron los tres sastres», como si la tarea de cargar árboles fuese un juego de niños.

El gigante, después de arrastrar un buen trecho la pesada carga, no pudo más y gritó:

—¡Eh, tú! ¡Cuidado, que tengo que soltar el árbol!

El sastre saltó ágilmente al suelo, sujetó el roble con los dos brazos, como si lo hubiese sostenido así todo el tiempo, y dijo:

—¡Un grandullón como tú y ni siquiera eres capaz de cargar un árbol!

Siguieron andando y, al pasar junto a un cerezo, el gigante, echando mano a la copa, donde colgaban las frutas maduras, inclinó el árbol hacia abajo y lo puso en manos del sastre, invitándolo a comer las cerezas. Pero el hombrecito era demasiado débil para sujetar el árbol, y en cuanto lo soltó el gigante, volvió la copa a su primera posición, arrastrando consigo al sastrecito por los aires. Cayó al suelo sin hacerse daño, y el gigante le dijo:

—¿Qué es eso? ¿No tienes fuerza para sujetar este tallito enclenque?

—No es que me falte fuerza —respondió el sastrecito—. ¿Crees que semejante minucia es para un hombre que mató a siete de un golpe? Es que salté por encima del árbol, porque hay unos cazadores allá abajo disparando contra los matorrales. ¡Haz tú lo mismo, si puedes!

El gigante lo intentó, pero se quedó colgando entre las ramas; de modo que también esta vez el sastrecito se llevó la victoria. Dijo entonces el gigante:

—Ya que eres tan valiente, ven conmigo a nuestra casa y pasa la noche con nosotros.

El sastrecito aceptó la invitación y lo siguió. Cuando llegaron a la caverna, encontraron a varios gigantes sentados junto al fuego: cada uno tenía en la mano un cordero asado y se lo estaba comiendo. El sastrecito miró a su alrededor y pensó: «Esto es mucho más espacioso que mi taller.»

El gigante le enseñó una cama y lo invitó a acostarse y dormir. La cama, sin embargo, era demasiado grande para el hombrecito; así que, en vez de acomodarse en ella, se acurrucó en un rincón. A medianoche, creyendo el gigante que su invitado estaría profundamente dormido, se levantó y, empuñando una enorme barra de hierro, descargó un formidable golpe sobre la cama. Luego volvió a acostarse, en la certeza de que había despachado para siempre a tan impertinente grillo. A la madrugada, los gigantes, sin acordarse ya del sastrecito, se disponían a marcharse al bosque cuando, de pronto, lo vieron tan alegre y tranquilo como de costumbre. Aquello fue más de lo que podían soportar, y pensando que iba a matarlos a todos, salieron corriendo, cada uno por su lado.

El sastrecito prosiguió su camino, siempre con su puntiaguda nariz por delante. Tras mucho caminar, llegó al jardín de un palacio real, y como se sentía muy cansado, se echó a dormir sobre la hierba. Mientras estaba así durmiendo, se le acercaron varios cortesanos, lo examinaron par todas partes y leyeron la inscripción: SIETE DE UN GOLPE.

—¡Ah! —exclamaron—. ¿Qué hace aquí tan terrible hombre de guerra, ahora que estamos en paz? Sin duda, será algún poderoso caballero.

Y corrieron a dar la noticia al rey, diciéndole que en su opinión sería un hombre extremadamente valioso en caso de guerra y que en modo alguno debía perder la oportunidad de ponerlo a su servicio. Al rey le complació el consejo, y envió a uno de sus nobles para que le hiciese una oferta tan pronto despertara. El emisario permaneció en guardia junto al durmiente, y cuando vio que éste se estiraba y abría los ojos, le comunicó la proposición del rey.

—Justamente he venido con ese propósito —contestó el sastrecito—. Estoy dispuesto a servir al rey —así que lo recibieron honrosamente y le prepararon toda una residencia para él solo.

Pero los soldados del rey lo miraban con malos ojos y, en realidad, deseaban tenerlo a mil millas de distancia.

—¿En qué parará todo esto? —comentaban entre sí—. Si nos peleamos con él y la emprende con nosotros, a cada golpe derribará a siete. No hay aquí quien pueda enfrentársele.

Tomaron, pues, la decisión de presentarse al rey y pedirle que los licenciase del ejército.

—No estamos preparados —le dijeron— para luchar al lado de un hombre capaz de matar a siete de un golpe.

El rey se disgustó mucho cuando vio que por culpa de uno iba a perder tan fieles servidores: ya se lamentaba hasta de haber visto al sastrecito y de muy buena gana se habría deshecho de él. Pero no se atrevía a despedirlo, por miedo a que acabara con él y todos los suyos, y luego se instalara en el trono. Estuvo pensándolo por horas y horas y, al fin, encontró una solución.

Mandó decir al sastrecito que, siendo tan poderoso hombre de armas como era, tenía una oferta que hacerle. En un bosque del país vivían dos gigantes que causaban enormes daños con sus robos, asesinatos, incendios y otras atrocidades; nadie podía acercárseles sin correr peligro de muerte. Si el sastrecito lograba vencer y exterminar a estos gigantes, recibiría la mano de su hija y la mitad del reino como recompensa. Además, cien soldados de caballería lo auxiliarían en la empresa.

«¡No está mal para un hombre como tú!» se dijo el sastrecito. «Que a uno le ofrezcan una bella princesa y la mitad de un reino es cosa que no sucede todos los días.» Así que contestó:

—Claro que acepto. Acabaré muy pronto con los dos gigantes. Y no me hacen falta los cien jinetes. El que derriba a siete de un golpe no tiene por qué asustarse con dos.

Así, pues, el sastrecito se puso en camino, seguido por cien jinetes. Cuando llegó a las afueras del bosque, dijo a sus seguidores:

—Esperen aquí. Yo solo acabaré con los gigantes.

Y de un salto se internó en el bosque, donde empezó a buscar a diestro y siniestro. Al cabo de un rato descubrió a los dos gigantes. Estaban durmiendo al pie de un árbol y roncaban tan fuerte, que las ramas se balanceaban arriba y abajo. El sastrecito, ni corto ni perezoso, eligió especialmente dos grandes piedras que guardó en los bolsillos y trepó al árbol. A medio camino se deslizó por una rama hasta situarse justo encima de los durmientes, y, acto seguido, hizo muy buena puntería (pues no podía fallar) pues de lo contrario estaría perdido.

Los gigantes, al recibir cada uno un fuerte golpe con la piedra, despertaron echándose entre ellos las culpas de los golpes. Uno dio un empujón a su compañero y le dijo:

—¿Por qué me pegas?

—Estás soñando —respondió el otro—. Yo no te he pegado.

Se volvieron a dormir, y entonces el sastrecito le tiró una piedra al segundo.

—¿Qué significa esto? —gruñó el gigante—. ¿Por qué me tiras piedras?

—Yo no te he tirado nada —gruñó el primero.

Discutieron todavía un rato; pero como los dos estaban cansados, dejaron las cosas como estaban y cerraron otra vez los ojos. El sastrecito volvió a las andadas. Escogiendo la más grande de sus piedras, la tiró con toda su fuerza al pecho del primer gigante.

—¡Esto ya es demasiado! —vociferó furioso. Y saltando como un loco, arremetió contra su compañero y lo empujó con tal fuerza contra el árbol, que lo hizo estremecerse hasta la copa. El segundo gigante le pagó con la misma moneda, y los dos se enfurecieron tanto que arrancaron de cuajo dos árboles enteros y estuvieron aporreándose el uno al otro hasta que los dos cayeron muertos. Entonces bajó del árbol el sastrecito.

«Suerte que no arrancaron el árbol en que yo estaba», se dijo, «pues habría tenido que saltar a otro como una ardilla. Menos mal que nosotros los sastres somos livianos.»

Y desenvainando la espada, dio un par de tajos a cada uno en el pecho. Enseguida se presentó donde estaban los caballeros y les dijo:



—Se acabaron los gigantes, aunque debo confesar que la faena fue dura. Se pusieron a arrancar árboles para defenderse. ¡Venirle con tronquitos a un hombre como yo, que mata a siete de un golpe!

—¿Y no estás herido? —preguntaron los jinetes.

—No piensen tal cosa —dijo el sastrecito—. Ni siquiera, despeinado.

Los jinetes no podían creerlo. Se internaron con él en el bosque y allí encontraron a los dos gigantes flotando en su propia sangre y, a su alrededor, los árboles arrancados de cuajo.

El sastrecito se presentó al rey para pedirle la recompensa ofrecida; pero el rey se hizo el remolón y maquinó otra manera de deshacerse del héroe.

—Antes de que recibas la mano de mi hija y la mitad de mi reino —le dijo—, tendrás que llevar a cabo una nueva hazaña. Por el bosque corre un unicornio que hace grandes destrozos, y debes capturarlo primero.

—Menos temo yo a un unicornio que a dos gigantes —respondió el sastrecito—-Siete de un golpe: ésa es mi especialidad.

Y se internó en el bosque con un hacha y una cuerda, después de haber rogado a sus seguidores que lo aguardasen afuera.

No tuvo que buscar mucho. El unicornio se presentó de pronto y lo embistió ferozmente, decidido a ensartarlo de una vez con su único cuerno.

—Poco a poco; la cosa no es tan fácil como piensas —dijo el sastrecito.

Plantándose muy quieto delante de un árbol, esperó a que el unicornio estuviese cerca y, entonces, saltó ágilmente detrás del árbol. Como el unicornio había embestido con fuerza, el cuerno se clavó en el tronco tan profundamente, que por más que hizo no pudo sacarlo, y quedó prisionero.

«¡Ya cayó el pajarito!», dijo el sastre, saliendo de detrás del árbol. Ató la cuerda al cuello de la bestia, cortó el cuerno de un hachazo y llevó su presa al rey.

Pero éste aún no quiso entregarle el premio ofrecido y le exigió un tercer trabajo. Antes de que la boda se celebrase, el sastrecito tendría que cazar un feroz jabalí que rondaba por el bosque causando enormes daños. Para ello contaría con la ayuda de los cazadores.

—¡No faltaba más! —dijo el sastrecito—. ¡Si es un juego de niños!

Dejó a los cazadores a la entrada del bosque, con gran alegría de ellos, pues de tal modo los había recibido el feroz jabalí en otras ocasiones, que no les quedaban ganas de enfrentarse con él de nuevo.

Tan pronto vio al sastrecito, el jabalí lo acometió con los agudos colmillos de su boca espumeante, y ya estaba a punto de derribarlo, cuando el héroe huyó a todo correr, se precipitó dentro de una capilla que se levantaba por aquellas cercanías. subió de un salto a la ventana del fondo y, de otro salto, estuvo enseguida afuera. El jabalí se abalanzó tras él en la capilla; pero ya el sastrecito había dado la vuelta y le cerraba la puerta de un golpe, con lo que la enfurecida bestia quedó prisionera, pues era demasiado torpe y pesada para saltar a su vez por la ventana. El sastrecito se apresuró a llamar a los cazadores, para que la contemplasen con su propios ojos.

El rey tuvo ahora que cumplir su promesa y le dio la mano de su hija y la mitad del reino, agregándole: «Ya eres mi heredero al trono».

Se celebró la boda con gran esplendor, y allí fue que se convirtió en todo un rey el sastrecito valiente.

Fuente: web Hermanos Grimm (http://www.grimmstories.com/es/grimm_cuentos/el_sastrecillo_valiente)

Versión El sastrecillo valiente de los hermanos Grimm, contado por Liliana Cinetto e ilustrado por Alex Dukal. Editorial Pictus,2011



Mi vecino de abajo

Mi vecino de abajo
Daniel Nesquens
Il. Fran Collado
SM, 2011

SINOPSIS
¿Cómo piensas que es Islandia? ¿Y los islandeses?
Yo conocí una vez a un islandés; era raro y misterioso. Para que te hagas una idea, te diré dos cosas: tendía las hojas de lechuga y nunca encendía la luz del pasillo.
S. Peltoonen, se llamaba. A lo mejor algún día descubro qué significaba aquella “s”.

Reseña revista Babar
Con este libro, Nesquens ganó este año el Premio Barco de Vapor.
Nesquens, como ya ha hecho en alguna otra ocasión, nos presenta en este texto infantil a una misteriosa figura adulta vista a través de los ojos de un niño que, ya crecido, recuerda ese episodio de su niñez (“Dicen que el tiempo lo borra todo. Puede ser. Aunque tengo la sensación de que aún soy demasiado joven para saberlo. Probablemente sea verdad, pero todavía guardo fresca la imagen de un antiguo vecino que vivió un tiempo en el piso de abajo”).
El misterioso adulto es un nuevo vecino, S. Peltoonen (“Así como suena: Pel-too-nen. Con dos oes. Sí, también con dos es. Pero las es no van seguidas, va una en cada lado”) que acaba de mudarse a la calle Montevideo, nº 32, justo en el piso de abajo. Es de Islandia, pero poco más se sabe de él. Y el protagonista de esta historia no dejará de elucubrar e indagar sobre este nuevo vecino, tan interesante y diferente a los demás, con el que llegará a entablar amistad.
Merecido premio para un autor que vuelve a demostrar su habilidad para crear personajes carismáticos, extravagantes y estimulantes que nos enseñan, con su forma de estar y de vivir, una manera diferente de relacionarse con el mundo. Y también demuestra que su prosa sigue siendo divertida, original, divergente, cargada de referencias y de guiños que, más allá del humor, esconden inteligentes miradas sobre nuestra vida cotidiana. Nesquens defiende la inteligencia de los niños no solo en sus declaraciones, sino en toda su obra literaria. Y este libro es una prueba más, por si alguien aún lo dudaba.
Las ilustraciones de Fran Collado y el diseño de Felipe Samper dan a este libro un aire antiguo, de Rue del Percebe, y huele a escaleras de madera, manteles de hule, colada tendida en el patio de vecinos y libreta de tapas negras con goma elástica donde todo se anota con lápiz.

Aquí os dejo el trailer de presentación del libro que también está disponible en ipad, para motivar la imaginación de los lectores.


Una flor de recanvi per a la mare / Una flor de recambio para mamá

Una flor de recanvi per a la mare / Una flor de recambio para mamá
Rebeka Elizegi
Takatuka àlbums

Un matí de tardor, just quan les fulles dels arbres començaven a caure, la mare va tenir una gran sorpresa... El Dr. Flo va telefonar-li per dir que li havia detectat una taqueta molt lletja en un pit...». Amb aquestes paraules comença el relat d’un nen que passa per l’estranya situació de viure el procés del càncer de pit de la seva mare, però que, sense perdre el coratge, afronta al seu costat l’aventura de lluitar contra la malaltia amb totes les forces. Junts aconsegueixen superar-la i tornar a fer una vida tan normal, alegre i divertida com la d’abans.

Una mañana de otoño, justo cuando las hojas de los árboles empezaban a caer, mi madre se llevó una gran sorpresa... El Dr. Flo la llamó por teléfono para decirle que había detectado una manchita muy fea en uno de sus pechos...». Con estas palabras comienza el relato de un niño que pasa por la extraña situación de vivir el proceso del cáncer de mama de su madre, pero que, sin perder el ánimo, afronta junto a ella la aventura de luchar contra la enfermedad con todas sus fuerzas. Juntos logran superarla y volver a hacer una vida tan normal, alegre y divertida como la de antes.

Reseñas: 
 
«Con sencillas palabras de niño, y un tono sereno y positivo que elude cualquier dramatismo (a lo que contribuyen también los frescos y sugerentes collages de la propia Elizegi que ilustran el texto), la autora aborda con gran acierto y naturalidad un tema “difícil”, que generalmente se trata de ocultar a los niños, y que, sin embargo, los niños tienen derecho a saber. Sobre todo, para evitarles muchas angustias. La cuestión es encontrar el modo de explicarles lo que pasa y de permitirles participar, como uno más, de una situación que afecta a toda la familia. Esa es la propuesta de Rebeka Elizegi en este libro valiente y tranquilizador, que transmite esperanza y alegría de vivir. Tiene mucho mérito.», CLIJ. (Cuardernos de Literatura Infantil y Juvenil).

«Rebeka Elizegi va néixer el 1968 a Donosti. Durant els anys de carrera va treballar en un taller d’artesania, pintant a mà peces de paper maixé. L’any 1998 funda Alehop amb l’il•lustrador Víctor Escandell, un estudi de disseny gràfic i il•lustració a Barcelona; allà, entre d’altres coses, s’especialitza en el Disseny de contes infantils i juvenils.
Amb una sensibilitat i tendresa remarcables i des de la perspectiva del nen, l’autora ens acosta la dura experiència que afronten moltíssimes famílies que sovint no saben com explicar als infants, aquest àlbum es converteix en una vareta màgica capaç d’aconseguir que els infants assimilin paraules molt recargolades i fets tan durs com són l’enfrontar-se cara a cara amb un càncer, una malaltia amb un nom que, encara avui dia, espanta i molt.
Amb unes il•lustracions realitzades amb collage on les flors prenen el protagonisme absolut fins i tot en el text (fixem-nos en el nom del doctor que atén la mare) i en el transcurs d’un any, utilitza les diferents estacions per mimetitzar les diferents fases per les que passa la valenta mare del protagonista.
Un àlbum preciós que cal tenir a la memòria per si algun dia necessitem explicar aquesta malaltia a algun nen o nena, especialment a les biblioteques on acostumem a trobar-nos amb peticions més delicades.»  Al·lots, el Petit Príncep.

«Empleando un tono positivo, alegre y un tanto poético, Elizegi reivindica en este álbum ilustrado “la importancia que tiene cuidar la parte afectiva en un proceso de curación de este tipo”. La frase final del cuento, “la enfermedad es un momento ideal para despilfarrar afectos”, condensa para la autora la esencia de una obra creada “desde las tripas”, inspirada en su propia experiencia ante el cáncer que superó su madre hace unos años.
‘Una flor de repuesto para mamá’ ha sido editada por Takatuka, una editorial especializada en literatura infantil que busca facilitar el diálogo entre adultos y pequeños, poniendo a disposición de éstos libros que les permitan entender mejor el mundo en el que van a crecer, y que sirvan, al mismo tiempo, a los adultos para abordar cuestiones que no siempre son fáciles de expresar con palabras»,
Pikara Magazine.

Revista CLIJ 243-Octubre 2011 - Portada de Alfonso Ruano

Vuelve a la portada de la Revista CLIJ Alfonso Ruano (Mocejón, Toledo, 1949). Lo hizo por primera vez en octubre de 1989, cuando CLIJ apenas empezaba a caminar (era nuestro número 10), y él ya era un ilustrador reconocido y admirado (Diplomas del Premio Catalònia y de la Feria de Leipzig 1984, Premio Lazarillo 1985, Premio Nacional 1986). 22 años y muchos espléndidos libros después, vuelve a ilustrar la portada de esta revista especiazlizada para celebrar el merecido homenaje que se le ha rendido en las últimas jornadas de ilustración «Ilustratour», donde se ha organizado la exposición «Alfonso Ruano. Ilustraciones. Primer Recuento», abierta al público en el Museo Patio Herreriano de Valladolid de julio a septiembre, y en la que se repasa la trayectoria de quien ya es un referente para las nuevas generaciones de ilustradores españoles. La ilustración es la portada del catálogo de su exposición (editado por la Fundación SM) para que sea la portada de este CLIJ dedicado también a otro «recuento»: el del Panorama del Año.

Página 05 EDITORIAL: ¡Es la lectura, estúpido!
Página 07 PANORAMA DEL AÑO: Suben los lectores, bajan las ventas. Victoria Fernández.
Página 18 Cataluña: Crisis sin tregua, libros sin prisa. Teresa Blanch.
Página 31 Comunidad Valenciana: compromiso y tenacidad. Josep Antoni Fluixà.
Página 40 Galicia: año de álbumes para pequeños y grandes. Mª. Jesús Fernández Fernández.
Página 51 País Vasco: vitalidad. Xabier Etxaniz.
Página 57 Asturias: El pulso editorial se debilita. Severino Antuña.
Página 62. CINE Y LITERATURA: El auge de las series de televisión. Hacia una «nueva» didáctica de la imagen. Ernesto Pérez Morán.
Página 68 ESTUDIO: Apuntes para una teoría del contar. Paco Abril.
Página 72 LIBROS. En el blog de Kalandraka tenéis algunas de las reseñas.

"La tira de niños y niñas", "La tira de nens i nenes" de Glòria Falcón. Un llibre per pintar!!

La tira de nens i nenes - La tira de niños y niñas
Glòria Falcón
Sd-edicions, 2011.
Un acordió poètic per acolorir i retallar. En castellà i català.





Glòria Falcón és il·lustradora, dissenyadora gràfica i aprenent de poeta, com acostuma a definir-se. Ha il·lustrat llibres infantils i de cuina, i ha creat àlbums de mandales. És autora d’El globus de la Violeta i d’Animalari, el seu primer poemari per a nens, ambdós publicats per Sd·edicions.

Un acordeón poético, con edición en castellano y catalán, para que los más pequeños coloreen y recorten la tira, para que se diviertan le den color al fondo y a los personajes, recorten la tira y la cuelguen donde más les apetezca. Una tira de niños y niñas, diversos, diferentes...

Reseña de Stel·la al seu bloc El Petit Tresor:
El desplegable de nens i nenes que es miren,
amb ulls blaus
verds
marrons
negres....
amb simpatia
i
complicitat
i que es donen
les mans
us espera
a petits i
sempre a grans
a que hi poseu molt color.

Rojo corazón, cuento rimado

Os presento un cuento rimado -que siempre gusta a los peques- titulado Rojo Corazón
Editado por Ekaré en 2010, el autor es Saúl Schkolnik y las ilustraciones de Víctor Hugo Strange.
Sobre la mesa de la cocina están el queso y el membrillo, el pan amasado y un lindo limón amarillo. Allí están también un huevo con un rojo corazón, inquieto y soñador. ¿Qué será de todos ellos cuando llegue a cocinar la Sra. Josefina?

Este es un libro muy sano y saludable, de tomates frescos y lechugas lozanas. Es un libro de queso y limón. En el dialogan huevos, pollos y gallinas. Aparece una cocinera, la señora Josefina. Este es un libro cuajado de bellas imágenes para comérselas con los ojos.
Y entonces miró al huevo…
“ ¡Horror, espanto! ¡Qué horrible!”
Pensó éste aterrado.
¡Adiós alas, adiós plumas,
adiós corazón colorado!
Aquí terminan mis días
convertido en una sabrosa fritura.
La señora me comerá
junto con la verdura.
Jamás llegaré a ser pollo,
jamás llegaré a ser gallo…
Se trata de una historia estraña, la historia de un huevo en una cocina, su destino, donde irá a parar. Y es que se trata de un huevo con sentimientos, un huevo que sabe que guarda en su interior un gran corazón rojo, que palpita y que se puede transformar en pollo, pero la propietaria del huevo, la señora Josefina, no lo ve de esa manera, y se dispone a comerse un huevo frito para comer. 
Es una historia preciosa, llena de esperanza e ilusiones. El texto està hecho en rima y suena a canción.