Escrito por Aaron Frisch
Canción de Navidad es una de las obras clásicas de la literatura universal. Considerado el relato de la Navidad por excelencia, de él se han hecho multitud de ediciones, yo destacaría esta. Las imágenes de Innocenti, un magistral retrato de la época victoriana, añaden un especial atractivo para adolescentes a la ya de por sí recomendable lectura de la escalofriante y fantástica historia del ávaro Scrooge y su descubrimiento del espíritu navideño.
Charles PerraultEn La Cenicienta (1983), Innocenti recrea la ciudad de Londres de los años 20, pero sin tocar apenas el clásico de Perrault. Gracias a ésto podemos conocer más detalles (vestuario, mobiliario, arquitectura...) de esta época. Se nos muestra así, un afán documental del autor de estos dibujos, pues lo vemos en cualquiera de sus obras.
También esconden sus ilustraciones un serio trabajo de documentación histórica, de forma que podemos encontrar entre las páginas de sus libros personajes y objetos que existen en la realidad y que todos conocemos si sabemos leer entre líneas (líneas dibujadas).
Os dejo una reseña que creo que define a la perfección esta versión del clásico de Perrault de la Cenicienta realizada por Roberto Innocenti.
Reseña de Imaginaria:
Para narrar su particular versión de este clásico de Charles Perrault, Roberto Innocenti eligió la sofisticación y la magnificencia de los años '20. Más allá de la impecable reconstrucción de la época (desde los objetos de lujo que empezaron a aparecer en aquellos años, como automóviles y fonógrafos, hasta los vestidos y peinados de los personajes) en las ilustraciones de este gran artista italiano nada resulta azaroso: personajes, perspectivas, luces y colores evidencian una enorme preocupación por los detalles y por la significación que éstos tendrán dentro del conjunto de la obra, como si el contexto se convirtiese en un nuevo protagonista de la historia, y no precisamente el menos mágico.
Dos maravillosas ilustraciones —plagadas de detalles e ironías— abren y cierran el relato, enmarcándolo. La primera, muestra la ilusión que puede crear el agua de un estanque, mientras Cenicienta lava la ropa. Como si se tratara de un espejo que permitiera el ingreso a un mundo diferente, el reflejo muestra a una Cenicienta vestida, peinada y maquillada para el baile real. No sólo ella se transforma: la canasta de ropa sucia es, en aquel mundo distante y vaporoso, un enorme jarrón; la ropa que sostiene en sus manos se transforma en un ramo de flores que ella deja caer con delicadeza; la canilla se convierte en el cuello de un cisne dorado de cuyo pico brota un chorro de agua. Lo único que se mantiene intacto es su postura y la expresión de su rostro: la idéntica sonrisa nos dice que se trata de la misma persona, aunque sus propias hermanastras, atontadas por el lujo y la opulencia que las rodea, no puedan reconocerla.
En la última ilustración, el autor se permite ir más allá de la historia e imaginar qué podría haber sucedido con un personaje tan emblemático como la madrastra. La vemos recostada en un sillón, fumando y entregada a la bebida, con una copa a medio tomar y varias botellas vacías en el suelo, en una actitud que se repite varias veces a lo largo del relato. Distinto destino para tan distintas mujeres.
El cuidado por cada uno de los detalles hace que no haya personajes secundarios o irrelevantes en las ilustraciones de Innocenti. El hecho de que las hermanastras continúen con sus juegos y bailes sin siquiera notar la presencia de Cenicienta —hasta el momento en que, con sorpresa y humillación, descubren que ella era la verdadera dueña del zapatito de cristal—, no hace sino confirmar la metáfora de una ceguera que parece instalarse desde el comienzo de la historia. Allí, en una de las primeras ilustraciones, aparece retratada la vida cotidiana de la familia: las hermanastras, ataviadas a la última moda, riéndose y hamacándose frente a la casa; Cenicienta limpiando los vidrios de las ventanas; la madrastra señalándole lo que debe hacer; el padre semioculto detrás de la puerta de entrada. Frente a la casa hay un grupo de chicos jugando al gallito ciego, mientras pasa un hombre no vidente (tal vez el menos ciego de todos los que están ahí) cruzando la escena guiado por su perro. La alegoría alcanza su punto máximo durante el baile, cuando las hermanastras son incapaces de reconocer a Cenicienta aunque se encuentran a pocos pasos de ella:
"Y ella fue a sentarse al lado de sus hermanastras y tuvo con ellas mil atenciones: incluso les ofreció las deliciosas golosinas que el príncipe le había dado, lo cual las dejó muy sorprendidas, porque no la reconocían."
Tampoco la elección de las perspectivas resulta azarosa; por el contrario, se trata de un modo de introducir al lector dentro de la obra, haciéndolo tomar parte activa como si él mismo se hubiera convertido en uno de los personajes. Así, cuando las hermanastras están a punto de subir al auto que las conducirá al baile, vemos esta imagen a través de una de las ventanas del piso superior, donde se ha quedado Cenicienta. Esta perspectiva pone de manifiesto el encierro y la opresión de la protagonista, cuyo rostro no podemos ver pero sí imaginar.
Nuevas historias dentro de la historia: eso es lo que recrean las ilustraciones de Innocenti. Detalles que en una primera lectura pueden haber pasado desapercibidos seguramente obligarán al lector a volver sobre sus pasos, en busca de más indicios que le permitan imaginar nuevas interpretaciones. Porque el universo de Innocenti, lejos de cristalizarse, abre infinitos caminos y se multiplica en cada lectura y en cada lector. 


Pinocho
Fill de rojo









ArtLab 2009. ISIDRO FERRER. from Art Lab Huesca on Vimeo.
Fueron muchas más anotaciones las que hice durante estos días pero creo que con esto os puedo mostrar parte de lo que aconteció allí.
Esperemos poder encontrarnos al año que viene otra vez.

La historia de Erika
Ruth Vander Zee. Ilustraciones Roberto Innocenti
Kalandraka Ediciones,2003
Aquest llibre meravellós commemora l'aniversari de l'alliberament del camp de concentració d’Auschwitz. La història, il·lustrada esplendorosament, li va ser narrada a l'autora per la pròpia Erika. És un cant de vida i esperança davant l'horror.
Erika únicament sap que va nàixer en 1944 però desconeix la data exacta del seu naixement, el seu nom autèntic, el qual li van posar els seus pares; també desconeix la ciutat o el país en el qual va venir al món. No sap si va tenir germans, ni com es deien el seu pare i la seua mare, ni coneix gens de la seua família. Gens. Però encara que Erika té una història tràgica és una supervivent de l'Holocaust. No coneix però vol imaginar-se com hagueren de ser els pocs dies que va passar amb la seua família, ella era un nadó, com se sentirien els seus pares a l'haver d'abandonar la seua casa i els seus béns, obligats per les tropes alemanyes a viure en un gueto.
Però si en el gueto vivien malament, envoltats de fam i malalties, molt pitjor va ser quan els van conduir, amb milers de jueus portadors tots ells d'una estrella de David en el pit per a ser localitzats d’una manera ràpida, a uns trens plens d’infeccions amb destinació incerta. Amuntegats, assedegats i famolencs, transportats en vagons per a bestiar.
Erika no recorda res, però imagina com l'abraçaria la seua mare per a protegir-la del pudor, els crits, l'horror que es vivia en aquell vagó. Estaria el seu pare amb ella? Prendrien ambdós la terrible decisió? I Erika, deixant volar la seua imaginació, pensa que la seua mare hagué d'embolicar-la afectuosament amb una flassada, la besaria, l'abraçaria amb força, pronunciaria el seu nom per última vegada amb llàgrimes en els ulls. I va executar l'esquinçadora decisió. Quan el tren va reduir la marxa, va llançar a Erika a una andana. Açò és el que imagina Erika. Però el que sap amb certesa és el que va passar després. Va caure sobre l'herba al costat d'un pas a nivell. No es va fer ni una esgarrapada. Algú la va arreplegar i la va donar a una dona perquè tingués cura d’ella. Aqueixa dona li va posar una data de naixement i li va donar un nom, aliments, una llar, l'escola...